I+D+i: Impulso al desarrollo

I+D+i: Impulso al desarrollo

Es verdad que día a día las empresas chilenas están más preocupadas de la tecnología. También es cierto que se valora más el hecho que una empresa innove. Y se aplaude cada vez que a alguien quiere comenzar un nuevo proyecto. Sin embargo, todavía Chile es uno de los países que menos invierte en estas materias, alcanzando sólo el 0,7% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) y de ello, sólo el 20% proviene de los privados.

Estas cifras son claramente insuficientes para lograr siquiera compararnos con naciones desarrolladas, que destinan más de un 4% de su producto interno bruto a planes concretos y transversales en I+D+i, lo cual no solamente les ha permitido llegar a lugares de avanzada en la industria TIC mundial, sino también consolidarse en esos sitiales.

Naciones como Irlanda y Finlandia, con las cuales nos debemos comparar, tienen un desarrollo altamente imitable, pero con particularidades que no poseemos. Por ejemplo, nuestra idiosincrasia y la forma en que enfrentamos la innovación son distintas principalmente porque estamos insertos en una sociedad que castiga fuertemente los errores y/o el fracaso, aspectos inherentes a cualquier iniciativa innovadora. Es necesario entonces tomar la experiencia de países que han dado el salto al desarrollo y adaptarla a nuestra realidad, obteniendo un modelo propio que se haga cargo de aspectos culturales muy profundos, pero que deben resolverse si queremos transitar por este camino.

Los países más competitivos son aquellos que apuestan por la innovación, que se atreven a hacer las cosas de forma distinta a como las hace el resto, que se adelantan a las tendencias o que mejoran sus productos antes que otros.

Por ello, la innovación es un gran pilar para posicionar nuevos y mejores productos o servicios en el mercado, aumentando la competitividad de cualquier compañía y apoyándola para ser parte del actual esquema de negocios y de relaciones comerciales entre empresas y países.

El Estado tiene un rol ineludible en esta materia y lo ha desarrollado por años, pero necesita reformular ese liderazgo. El Gobierno debiera entregar cada vez más incentivos directos al emprendimiento innovador, con más proyectos anclas que sean motor de la actividad económica nacional y con mayor fluidez en la entrega de los recursos.

Sin embargo, independiente de los incentivos, el sector privado también debe participar. El desarrollo y la innovación tecnológica no se han incorporado todavía a la cultura del empresario chileno, tanto en la Pyme como en la gran empresa, pues su mentalidad persigue todavía resultados a corto plazo, lo cual es la antítesis de una verdadera actividad innovadora.

Queda aún mucho por hacer en la carrera por la competitividad. Con el esfuerzo de todos lograremos aumentar la competitividad, ampliando las fronteras y equiparándonos con las grandes potencias mundiales en TIC.