Ser innovador no exige inventar la rueda

Ser innovador no exige inventar la rueda

Hace un tiempo, un emprendedor entusiasta me decía: “yo no estoy en condiciones de enfrentar grandes desafíos científicos. Simplemente quiero encontrar respuestas a un par de temas prácticos que están retrasando el crecimiento de mi empresa: uno de ellos tiene que ver con el cierre de las cajas en las que pretendo exportar mi producto”.

Un problema tan sencillo como ése no es ni más ni menos que un asunto de solución tecnológica y tiene que ver con la innovación. Lo que necesitan las empresas de menor tamaño es encontrar la forma de hacer más eficiente su negocio, y al mismo tiempo, cumplir con las normas del mercado. La tecnología puede ser una máquina o una forma de hacer, que no necesariamente debe tener el apellido "de punta" para lograr optimizar determinados procesos productivos.

En Chile, las Pyme tienen escasas posibilidades de acceder a tecnologías o buscarlas de manera independiente. El Segundo Informe Semestral de la Pyme demostró que el 58% de los pequeños y medianos empresarios no había realizado innovación alguna en los últimos seis meses. Los problemas cotidianos del sector pueden ser una explicación certera para esta situación. Claramente, la relación con los grandes clientes y el capital de trabajo aparecen como temas más urgentes para los emprendedores.

Sin embargo, también existen razones vinculadas al mercado chileno de la innovación que explican el fenómeno. En nuestro país, no están todas las soluciones a los problemas tecnológicos particulares de cada empresa.

En materia de especificidad, la oferta prima por sobre la demanda. Es decir, si quiero encontrar máquinas para algún procedimiento, debo buscar en los catálogos de empresas que las ofrecen y adaptarme a lo que existe. Si no, estaré en ese 58% que no logra innovar. Por lo tanto, ampliar el universo donde buscar es fundamental, lo que hoy no es un problema gracias a que nos encontramos insertos en una economía global que nos permite mirar más allá de nuestras fronteras para llevar a cabo nuestros negocios. En este sentido, el mercado europeo, pone a disposición de nuestro país la experiencia que le dan sus años y su tamaño.

La idea que está detrás es que los pequeños y medianos empresarios chilenos puedan utilizar soluciones ya probadas, y no desaprovechen su escaso tiempo tratando de inventarlas.

Pero para sumergirnos en este mar de posibilidades necesitamos orientación. La especificidad de las demandas sólo será abordable en la medida que exista un análisis experto y un acceso a ofertas organizadas. Eso es lo que hace la red europea de transferencia tecnológica de Centros de Enlace para la Innovación, con 243 oficinas en 33 países, las que administran más de 12.000 ofertas y demandas tecnológicas.

A través de una plataforma virtual, operada por profesionales, se organizan las ofertas y demandas, y ambos tipos de perfiles obtienen el deseado nivel de particularidad para lograr con éxito la solución de un problema tecnológico.

La experiencia y la intermediación son factores que pueden facilitar la innovación a los empresarios, sin obligarlos a descuidar sus tareas cotidianas. Compartir conocimiento es la clave de los emprendedores del siglo XXI y la mejor fórmula para crecer.